viernes, 15 de julio de 2011

domingo, 10 de julio de 2011

un mal día. O un día milagroso.


La vida se acaba y hoy fue un mal día. Desde el principio, desde que papá llamó para pasarme a buscar y llevarme al centro para votar, total busco a tus otras hermanas. Desde que me volvió a llamar para decirme a mariana le quedan tres horas para arreglarse entonces mejor dejá, me voy sola. Desde que me volvió a llamar para avisarme que al final se iba a navegar solo que si no me importaba que yo me arreglara. Claro que no me importa, claro que no hace falta que hagas otra vez el city tour, claro que me alegro de que vayas a navegar (habrá querido que fuera con él? No, me tendría que haber preguntado, estoy cansada de leerle los pensamientos y deseos a los demás).
Fue un mal día desde que esperé el tren bajo un sol extrañamente amable para julio. Desde que llegué a la mesa 696 para votar y no había nadie en la cola, desde que llegué a charcas y había chipás, scons y brownies para la hora del té. Desde que aproveché para lustrarme los borcegos que desde que me los compré nunca los lustré. Desde que volví a la cocina para sentarme mientras mamá cocinaba. Desde que sonó el teléfono y mamá atendió. Desde que se agarró el pecho y con una voz seca y a la vez melosa dijo chiquita no me digas, ay no me digas, ay no. Desde que la miré y le dije mamá hablá, mamá-ha-blá. Tu papá está en el hospital.
La puta madre. Golpeé contra la mesa llena de harina. Mamá cortó y dijo me voy al hospital. Yo la llamé a mariana la médica otra vez para que me contara. Mientras me ponía la campera para seguirla. Con ella y pedro nos tomamos un taxi. Era meriva. Y nos bajamos en las heras. Rafa y bel ya estaban ahí. Lo vi a papá de lejos. Tuvo un infarto. Conciente me miró muerto de miedo. Se lo llevan en ambulancia hasta saavedra. Con sus ojitos grises como los míos me miró muerto de miedo y con dolor. Yo salí al pasillo para que no me viera llorar. En caravana nos fuimos todos a saavedra. Con pedro la pasamos a buscar a cecilia y llegamos al principio de la operación. Mamá aflojó y se animó a llorar. Rafa la abrazó. Después de dos horas y media salió el cirujano, nos dijo fue un infarto grave pero todo salió bien. Quedan veinticuatro horas de espera, dos stends (o como se escriba) en las arterias y un catéter en la pierna derecha por si hay que volver a intervenir. Nunca perdió la conciencia. Papá es flaco, ya tuvo un acv hace casi diez años, pero fuma. Ya no fuma. Lo volví a ver cuando nos dejaron a todos entrar a la unidad coronaria. Pueden hasta cuatro. Entramos de a poco, todos. Papá sonrió, a cada uno. Ya no tenía miedo. Después de compartir el milagro de cómo había terminado todo volvimos cada uno a su casa. Rafa me trajo en su auto, con bel, ceci, eli y didi. Didí lloraba porque quería quedarse a dormir conmigo. Yo llegué y lloré porque esa tarde casi lo pierdo al viejo.

sábado, 9 de julio de 2011

El camino del héroe (uno de los tantos senderos)

Lo estuve pensando de nuevo. Una y otra vez. Enroscándome alrededor de esa sensación que viene como una ola, desagota en la orilla de mis emociones y vuelve a irse, para otra vez empezar de nuevo. Esa sensación se llama angustia. Es interesante el origen de esta palabra. Angustia viene del latín "angustus" (sí, parece chiste para los latinistas, pero es así), que significa "abismo profundo y estrecho"; exactamente, como "angosto".
Que la angustia denote profundidad es fácil de aceptar, esta sensación a veces es tan honda, tiene raíces tan oscuras y extensas, que pareciera quedarse para siempre o, al menos, por un largo tiempo. Pero que la angustia tenga que ver con la cualidad de "estrecho" parece algo más difícil de relacionar.
Estuve tratando de descubrir de qué manera la angustia podía ser estrecha. Entonces pensé en una trampa. En un pozo profundo... y estrecho. Lo estrecho aprisiona... como la angustia. Lo estrecho no nos deja ir más lejos (como la "mentalidad estrecha")...¡al igual que la angustia! Porque cuando nos sentimos angustiados es muy difícil avanzar, nos quedamos estáticos, como en una trampa; nos ahogamos en esa estrecha profundidad de la existencia disfrazada, engañada, malpensada. La capacidad de ser existencialista significa poder reconocernos en nuestra propia existencia, descubrir nuestros cambios más sutiles, nuestras dolencias más suaves, dejar aflorar nuestra intuición menos nítida. La angustia nos vuelve estrechos, profundamente estrechos. Insisto, como una trampa.
Un corazón cerrado, estrecho, da libertad a la angustia, y nos mantiene estáticos, quietos, atrapados.
Estar angustiados significa volvernos víctimas de nosotros mismos. Estar angustiados es devorarnos a nosotros mismos. Y ni pensemos en las consecuencias físicas y psicológicas de esta sensación, pues a través de ella somos capaces de catapultar nuestras mejores virtudes y nuestros más maravillosos talentos hacia el olvido y la nada misma.
Acabo de llegar a una gran conclusión: la angustia es una de las más peligrosas manifestaciones del egoísmo.

lunes, 4 de julio de 2011

Love in the afternoon


(para vos en Ilhabella)
llevame en el tren de tus recuerdos
donde no exista más ese tic-tac
llevame en el tren de tus deseos
donde mi boca deje de hablar